Inverso
Mireia despertó bruscamente de su
sueño. Por un momento había olvidado lo que había ocurrido, dónde estaba y en
qué circunstancias. Cuando lo recordó se vino abajo, como cada mañana, hasta el
punto de llorar y de plantearse acabar con todo. Pero al cabo de un rato se
calmaba y una ola de determinación la invadía. El instinto de supervivencia
siempre era más fuerte que el horror en el que se había convertido el mundo. De vez en cuando, incluso llegaba a sentir esperanza.
La joven comprobó a duras penas que la hamaca improvisada en la que yacía estaba bien amarrada. Debía hacer esa
misma revisión en varios momentos a lo largo de la noche. Como consecuencia de
ello, hacía tiempo que no descansaba del todo bien, ya que se veía obligada a
cumplir sus horas de sueño de forma entrecortada. Esta vez había logrado
encontrar un sitio donde guarecerse y, aunque la hamaca cayera, no pasaría nada
grave más allá de un fuerte golpe y futuros hematomas. No obstante, estaba tan
acostumbrada a ese proceder que ya lo hacía automáticamente. Olvidar esto, en
otras circunstancias, en el exterior, podía suponer una muerte segura. Una
caída hacia el infinito.
Había pasado un mes desde que el
mundo se puso del revés...
(Continuará)
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