Madrid...

Madrid me abruma, pero también me fascina. Sus calles, su gente. Tantos olores diferentes, una atronadora algarabía, ofertas de mil y un restaurantes y productos que ansío probar, el alboroto de ciudadanos con una prisa eterna, ese tambaleo mental por no saber a dónde mirar, cómo moverte sin molestar a nadie y al mismo tiempo, asimilar toda la información que te llega entre los enormes carteles expuestos, el jaleo general y el infinito arco iris de individuos que pasan a cada segundo a tu lado.

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