Sergio oculta algo



Se habían conocido hace unos meses y ya entonces Isabel sabía que Sergio ocultaba algo. No se dejaba conocer, no abría su alma al mundo. Eran pocas sus palabras y ninguna de ellas hablaba de sí mismo. Cualquiera podría intuir lo que aquello significaba. No era un alguien claro, no era de fiar. Isabel lo creía y aún así, con algo de reticencia, aceptó seguir quedando con él. 

Sin embargo, decidida a comprender el lenguaje de aquel hombre impenetrable, la joven comenzó a leer entre líneas los gestos de Sergio. Vislumbraba notas de melancolía cada vez que le sorprendía mirando al infinito. Percibía como en ocasiones, a pesar de la compañía, se sentía solo y aún así, en ciertos momentos, necesitaba soledad. Cuando estaba triste, callaba. Cuando se sentía culpable, también. Entonces Isabel le sentía sufrir, observando lo que aquellos enormes ojos declaraban, lo que expresaba a gritos su eterno silencio.

Esa era la razón de la intensidad de sus abrazos cálidos, las caricias sin venir a cuento, los besos que no acababan nunca, la forma de su boca al crear aquella permanente y tenue sonrisa, ese mapa de lunares formado en su espalda -cuya piel se erizaba ante el roce de sus dedos-, o esos "Te quiero" ocultos en la oscuridad, como un secreto, mientras ella se hacía la dormida... simplemente era otro lenguaje, uno mucho más expresivo y sincero que las palabras.

Entonces Isabel comprendió. Sergio ocultaba algo al mundo, pero no a ella. A ella, menos que nadie.

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